miércoles, 19 de enero de 2011

CUANDO LAS CAUSAS LLORAN EL OLVIDO PENA

CUANDO LAS CAUSAS LLORAN  EL OLVIDO PENA

Dos enes ocuparon mi ciudad sitiada. N.N. fue escrito en el patio México del cementerio, General. N.N. fueron las bolsas de plástico en el fondo del mar Pacífico. N.N. fue la mujer ensacada del norte. N.N.  diseminado en la torre de alta tensión. N.N. fue la transmisión oral y clandestina. N.N. tuvo la familia chilena. N.N. transformó la prensa nacional. N.N. se borró en el registro civil. N.N. se quemó en la ley. N.N. Hizo regional tu nombre. N.N. fue el prisionero de mi memoria.  N.N. fue el simulacro de tu nombre verdadero. N.N. te hizo irreal. Una envestidura de cal ha engastado tu nombre.

Si te encontrara escribiría solamente N.N. en las cortezas de los árboles; enamorada hasta encontrarte, dibujaría corazones en el aire con tu nombre. Y mi lengua diría: N.N. hasta despapilarse. Se despedraría por un beso tuyo. Un beso más en mi lengua rendida la haría aullarte. Y quizás hauyentándote, agotaría su reserva salival y rayaría en el norte tus iniciales. Raparía N.N. en mi nuca.  Borraría N.N. en mis muñecas.

Haría que no dejara de rumiarte porque mi cama está caliente. Usaría radicalmente tu nombre completo. Te nombraría tal vez, de una forma furtiva y a toda prisa viviría solo por eso. No para que volvieras, sino para que yo volviera. Por eso y sólo por eso, haría una legua de nombres en mi Sur. Con tu nombre borraría el Sur. Con tus iniciales haría una escritura de la ausencia. Con tus huellas reharía la caminata de mi vida. Encima de tu cuerpo me restregaría hasta sentirte. Encima de ti reanudaría aquellas escrituras muertas. Encima de ti retrasaría la hora. Así esta pasión de encontrarte haría pública tu ausencia. Así esta pasión haría pública la inhibición de haberte perdido, irremediablemente. Mi memoria recorrería nuestro desorden. Móvil, con un invisible ademán te diría: Adios amor mío. Así de enamorada, vería vertiginosa descorrer nuestra historia. Tu oreja en la postal de la muerte. Aquella frenética ilusión de progreso. Aquel desenfadado ideal. La misteriosa soledad de un privado. La engastadura de un anillo de bodas. Nuestro perfil fotográfico de familia onerosa. Los pasajes de Guolag, Viet Nam, Cuatro Alamos y Campos de Marte.
             
               Yo y tú sin retorno apasionados. Yo y tú, huéspedes de una morada imaginaria. Tú y yo enamorados. Yo en el Mayo de las flores.  Rehenes. Morando el olvido te diría una noche, que no te lloraría, porque si no estuviera viva, quien respondería por nosotros.  Quién podría reconocerte si no yo. Quien impediría negociaciones en tu nombre. Quien podría privatizar nuestra fragorosa memoria. Quien te habría llevado atado en mi cuello, sabiéndote ido. Quien me habría humillado, una vez más. Quién viviría inalterable esta osadía de vivir una lengua exiliada, el atrevimiento de nombrarte y hacerte vivir en la muerte. Vivirte me haría escribirte, me haría decir:  Que nunca te has ido.  Mi osadía ha sido pensar lo imposible.

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